RECITALES Y ARTÍCULOS

lunes, 18 de marzo de 2019

LA VOZ DEL SUEÑO


La oigo respirar…
Si no durmiera a mi lado
por esa voz del sueño
que no se parece
a la que yo atesoro
no la reconocería…
Por momentos
alienta suspiros de niña
En otros inspira
roces de oscuro
viento perdido
Luego imperceptible
su aliento calla
como si soñara
algún sueño del silencio…
Y al no oírla
tira de mí el vértigo
de cuando
un día
cuál antes
en el lecho
será un hueco
insoportable…

Y la despierto
con la voz
ronca
del sueño fingido

Desvelada
se vuelve hacía mí…

¡Y no me mueve!

    ©Rubén Lapuente Berriatúa

jueves, 14 de marzo de 2019

PEQUEÑO PESCADOR FURTIVO


Para mi niño los playmobil tienen todos sordera. Y sobre ellos balbucea su arenga mojada en su bebible saliva.
Luego los acerca al oído. Arruga la frente, junta las cejas,
escuchando sus señas. Y asiente sereno con la cabeza…
Le faltaba capitanear al que dispara en el agua balas de burbujas. Y ha dejado un vaivén desierto en la pecera.
Con malabares, se ha llevado al saltimbanqui a su alfombra de batalla. Del pobre pez cree que su barboteo y sus coletazos son de piraña en tierra, de esbirro de armadura de plata.
Y le registra bajo las escamas el botón que lanza chorros
de granadas…Pero el pez no sabe cerrar los ojos, se va apagando como en el jazz una baqueta con escobilla. Y el niño lo agita, lo agita…, toca su índice dos veces la torpeza, tres la paz de la parca…Algo ha hecho de malo cuando vuelve a dejar un vaivén en calma en la pecera.
Sólo para mí, que le espío tras la puerta, todo es inocencia,
risa reprimida, deleite, hornacina para mi memoria : como ese viejo frío botellín de Mirinda, a media noche, en mi tierna mejilla dormida.

©Rubén Lapuente Berriatúa

domingo, 24 de febrero de 2019

COSQUILLAS


Soñaba
el hombre dormido
de cuando fingía de niño
morirse
para tener de rodillas
sólo para él  
la inmensa dulzura:

“Vamos a ver si son de plomo estos brazos.
Si se empañan mis ojos de tu aliento.
¡Oh! ¡Si estás tan frío como una baldosa!
¡Oh¡ ¡Si se te ha roto el muelle de los párpados!
Habrá que tirar a este niño
a la basura
como la piel de una naranja
como el corazón de una manzana
como a su triciclo sin manilla
ni  ruedas”

Y por los corredores de la casa
le llevaba
en brazos
altiva
como si fuese
el héroe soldado desconocido
que no moriría jamás.

“¡Espera!
¡Si oigo un tamborcillo
por el cielo del pecho!
¡Si aún puedo revivirte
con tan sólo rozar tu piel
con la punta de mis dedos!”

Pero la memoria del sueño
del hombre dormido,
no podía despertarle:
no se reía aquel niño,
ni se movía la muerte.
        ©Rubén Lapuente Berriatúa

sábado, 9 de febrero de 2019

DULZURA



Me viene con pasos
de pantera cautiva
Titubeante
Como una bandada
de dientes de bruma
Me dice que cree que ya no la deseo
Que la miento
Que sospecha de mí
Que me busca
huellas de otra
hasta en la raíz de la mirada
Que mis palabras
“déjame ahora no”
le sientan
como pequeñas y breves
punzadas
de candente aguja
Que ahora se alimenta
de cuando
subía a la azotea
a que yo le viera los ocasos
en los botones de su blusa
y del eco del chasquido
de la estrella fugaz
de mi vertical cremallera
Que nunca
salvo conmigo
tuvo ella la piel
con escamas de plata de mi saliva…
Que añora ese suelo
de jergón de los caminos
que el placer luego
acolchaba
con lana de esmeraldas
de las mismas
duras
piedras…
Que grita de ira
de abandono
de vacío  de espera
Que qué quiero de ella

Si yo sólo quiero
le digo
que me viertas
aquella dulzura de tu cuerpo
si era de tu higuera
Que gires despierta
en este carrusel de la vida
de dos boletos
hasta que nos suene
la última sirena…

Si yo sólo quería
que
vinieras
así
© Rubén Lapuente Berriatúa

martes, 22 de enero de 2019

SÁBANAS DE LUZ



Cada noche,
mis rodillas levantan
una montaña
vacía:
bóveda de otro
planeta.
Bajo ese cielo
de sábanas de luz
mi hijo trenza
su niñez entre
mis piernas.
Le pone en guardia un lejano zumbido
de aviones en mi boca
mientras mi kamikaze
mano enemiga vira
hacia su escondite:
una loca algarabía
de aspavientos y risas.

Luego,
ya en su reino,
en su guarida,
con zancadas de índice y corazón
en zapatillas,
a un grito mío
huimos de un gigante
por la empinada
ladera de mi pierna:
encrestada espalda
de un dragón que
refunfuñando
se despierta

Al hundir sus dedos
en la trampa
de mi ombligo
de pronto todo
tirita
“Pero, ¡corre que es el cráter
de un volcán,
corre, que estalla, que nos
coge la corriente  
de su río de viva
lava!”
Y cruzamos
sin un rasguño
el bosque
oscuro de mi pecho
con dibujos
de ojos de fieras
que parpadean
con serpientes con unos
de tiza en las pupilas
silbando siseantes
entre los rizos de mi espesa jungla…

Antes
de alcanzar
la combada ribera
de luz
de la sábana
en el refugio
del bolsillo alto
de mi pijama,
índice y corazón
ya en mecedora,
me parlotea
tranquilo
en esa lengua virgen:
gorjeo de luz del paladar niño
que me deslumbra…

Y todo hasta que
una voz cálida
y firme de mujer
cada noche
repetida, echa abajo
nuestra sábana
celeste,
hiriendo a mi hijo
de sueño,
despertándome
a mí
de la niñez  y…
      ay
retornándome 
a esta otra vida…
hasta mañana.
             ©Rubén Lapuente Berriatúa

sábado, 19 de enero de 2019

EL BIG BANG


A un simple globo
lo hemos llamado
Universo.
Y quien lo deja
que toque el suelo
la pifia,
y pierde,
y lo paga malamente:
Se le estalla frente
a sus mismas narices:
Se le da matarile
rile, rile….

Lo avienta
el soplo de mi hijo.
que le pinta una
narizota
y dos bizcos ojos
de pánico,
que al inflarlo,
más y más,
se van separando,
huyendo por la  
la gran curva,
como soles errantes
que alumbran
viejos rincones míos.

Y lo lanzamos al aire.
¡Cuidado que vamos ahí dentro!
Ni el mejor arquero
llega como nosotros:
con la coronilla,
con las yemas de los dedos,
con el trasero,
con la punta del dedo
gordo del pie izquierdo…

Y siempre rompemos 
algo en el juego,
pero qué casualidad, de lo que yo
siempre reniego:
Hoy,
de ese odioso cobarde
suicida jarrón chino,
siempre al borde
del anaquel,
siempre asomándose
obligado
al precipicio
y por fin,
colateralmente dañado,
hecho caolín
por nuestro fuego
amigo…
Y el Universo,
en un despiste,
bota y rebota en el suelo.
Qué mala suerte papito,
has palmado!
Mientras frente a mí,
cara a cara,
suspendo el Universo
por su rabillo de ombligo,
mi joven verdugo
(¿no es el trozo
 que me faltaba de mi vida?)
se me acerca risueño
con el brillo de un alfiler
entre los dedos,
demorándose encima
el muy vacilón,
en su ya enésimo parricidio…

Yo aprieto los ojos,
los dientes,
pliego las orejas,
encojo los hombros...
(¿mi niñez no es la de mi hijo?)
mientras otro Universo,
ya con eco de fondo cósmico,
se eleva feliz
entre sus labios.
            ©Rubén Lapuente Berriatúa