RECITALES Y ARTÍCULOS

domingo, 9 de diciembre de 2018

CELESTINAS ROSAS


Las rosas hacen bien su trabajo
a pesar de que ya no nacen
del corazón de la tierra.
De que ya no sufren
para reinar en el rocío.
Bajo la toilette de plásticos,
ataviadas de rojo terciopelo helado,
ahora vienen rociadas de aséptico olor:
Todavía imposible coserles
ese perfume único
de mujer al desnudarse
que tiene una rosa en su almario…
Pero da igual.
Para casi toda mujer  
cada una guarda una fecha grabada,
un rostro diferente,
un búcaro distinto
para cada renovado Cupido.
En cambio  para uno
son el mejor remiendo.
Sobre todo cuando
hay que pegar un trocito roto
dentro del pecho.
Ahí están.
Y siempre ramo de rojo rubí ardiendo
si el regazo anda malherido.
Que sacan melindres de niña
en carne madura.
Y ciegos besos eternos
de fin de película rosa…
Son tu alcahueta
La manera de decirla esa palabra
que no sabes por qué no te sale
como si a estas alturas de la vida
el largo olvido de un te quiero en los labios
le sonara a ella a mentira…
Sí,  hacen muy bien su trabajo…
Ahora que el amor
ya no es aquel incendio.
                         © Rubén Lapuente Berriatúa

jueves, 29 de noviembre de 2018

NIÑO EN SU CUARTO


En su pequeño cuarto
mide el niño su esfuerzo:
No le llega la mano
a abarcar el lomo de tanta hilera
de obligados libros.
Vive enredado
en el rescoldo
de las palabras,
en la trenza de humo de los sollozos
que suben
de la cocina
y que en la melanina de su mesa
ensimismado
las vierte
en espirales de tinta.
Que él no tiene aún
lejanías en la cabeza:
la primera muerte,
la ultima pequeña vida…

Tras la pared,
al  llamarle
su padre para la cena,
su dedo de saliva
borra
su encaracolado  rompecabezas.
Apaga la lámpara.
Se pone de pie
chirriando la silla….  
Y se ve otro
en el súbito destello
reflejado en  el cristal
de la ventana…
      -"¡Ya voy, ya voy!"
Por el largo pasillo,
el eco de su voz
le suena a otro niño
que en su mismo cuarto,
mañana, oirá la suya,
tras la pared…

Antes de cruzar
la puerta del comedor,
por primera vez, 
ensaya,
fuerza una sonrisa…
                ©Rubén Lapuente Berriatúa

domingo, 18 de noviembre de 2018

CALCETINES ROJOS

                     

Subían a la última planta  
En el ascensor
se conjuraron
no esbozar
ni una leve amarga mueca
Estaban allí
por la ventura aquella
de coincidir un día
en un patio con sol de la infancia
Avasallando
la habitación blanca
invitaron a su mujer
a deambular un rato
por el largo pasillo
Un cartel de no molesten
lo dejó bailando
el último en cegar la puerta
Dicharacheros
le descubrieron los pies
por si llevaba aún
aquellos pioneros
calcetines rojos
ese pellizco púrpura
que asomando insolentes
en la última fila
incitaba a todos
a la rebeldía
Ocupando un trozo de su cama
se rieron de los sueños
que no habían alcanzado
Que tarda uno en aprender
que la felicidad
no hay que ir a buscarla
que consiste en no tener  
casi deseos     
ni miedos
Manos en su hombro
en sus tobillos angostos
manos en sus manos…
Destellos como de un trozo de espejo
de la manecita de un niño al sol
hablaban aún por el nidal
oscuro de sus ojos
Salieron haciendo planes de verse
De no esperar  
a ese trámite de la muerte
para clavar la mirada
en la  lluvia del recuerdo
De arrebatarle al tiempo
nuevas horas de oro
                                   ©Rubén Lapuente

martes, 6 de noviembre de 2018

LA NÁUSEA



Si estás solo cuando estás solo, estás en mala compañía(J.P.Sartre)
 Estás boca arriba en la yerba
y en un tris  sin pensarlo  ya te has subido
a la grupa de esa nube

al lomo de una
que parece un pez puro del cielo
y que te lleva a recorrer la tierra
ésa que de pronto
alguien desde dentro tuyo
se la imagina como una pizarra azul
y en donde todo lo que se mueve
deja una estela de tiza tras de si
sí    que desde el cielo
fueran rayas de tiza rastro de la existencia
Caminos de vida de tiza
la única huella al ir pasando…
Tú solo ves eso
líneas que van y retornan
que avanzan     que bailan…
ese blanco roto de ovillo de años
lo vas viendo enmarañarse...
cada historia
la tuya también
es un garabato de tiza
y sólo desde el cielo se ve así
lo ves tú así
rayas como estelas avanzando
de casa  a la fábrica  al bar   al sueño
se entrecruzan  se confunden
unas lentas  otras tendidas    inmóviles algunas
rematadas ya por un cabo de quietud…
y tú a la espalda de una nube
de la que aún no sabes
que va encinta de olvido
o de oscuridad de sueño
o de aguaceros
hasta que su lluvia
borra las rayas sin vida
las que ya nunca se moverán   las borra
en ceniza de tiza las diluye…
y tras la tormenta
otra vez las líneas
que vienen  que vuelven   que avanzan
que bailan…
la tuya también
garabato
parado ahora boca arriba en la yerba…

y te viene la náusea
                   ©Rubén Lapuente

domingo, 28 de octubre de 2018

ATADURAS

               Si no me llamaran desde la debilidad:
              Centinela que soy del dolor
              cercando el redil de sus frágiles huesos
              Si el ala de la muerte de mi madre
              no rozara ya nunca más mi sueño:
              Si no tuviera que ayudarla a subir
              los últimos peldaños de la madrugada
              Si en la larga fila de la calle
              no buscara algunos ojos perdidos
              Si ya no levantara la mano
              para alistarme en tu miedo
              Si no me persiguiese la mirada
              de la niña en el espanto
              Si al verme no me leyeran
              en la frente sublevado

              Podría morir

                        ©Rubén Lapuente



domingo, 21 de octubre de 2018

OTOÑO EN CAMEROS



“¿El otoño? Es algo más arriba. Sí. Sí. Por este mismo camino. Pare el coche antes de llegar a la ermita de Lomos de Orio. Por ahí cerca de un acebo tiene él su aldaba dorada. Ah, pero hoy no llame, que ha dejado la puerta entreabierta. Anda tan atareado rociando todo de ámbar, subiendo tanta savia de topacio a las hojas que de tanta ida y venida sólo saldrá a recibirle el vaivén de su mecedora. Pero no tenga vergüenza, entre y vístase con su ropa. Tome de su taquilla su buzo de tímido camaleón. Su pala y su escoba de abanico écheselas al hombro, que disfrazado así de jardinero del otoño, le será más fácil desaparecer en esa lenta y dulce y bella agonía amarilla ¿No ha venido a eso? Ahí todo está muriendo. Todo cae tan milagrosamente en su lugar exacto,  que tan sólo, por si acaso se cruza con él, haga como que  llora por un ojo, como que arrastra unas hojas que se han salido del camino… Y no se pierda el lento viaje de ninguna. Todas, hágalas suyas. Caen sobredoradas sobre sus deseos o sobre sus sueños rotos. Decore el cielo de sus párpados con esa estampa, más bella si la rescata mañana su soledad, o su emoción o su resol de muerte…Ah, pero no se demore mucho. No quiera anclar del todo el corazón a ese noray del muelle del otoño, que aquí la belleza en carne viva acelera ese pequeño temblor de estar vivo, enfermo de vida, en este rodar silencioso de los días sin dioses…¿me entiende? Cuando salga del bosque, que sea al atardecer, bajando, hile de soslayo los mil guiños del sol entre las hayas…Por el camino, su berlina irá dejando -usted no lo verá- una estela fatigada de oro”
                                           ©Rubén Lapuente                       

miércoles, 10 de octubre de 2018

PIRATAS EN EL BALCÓN


Del mar
sólo recuerdan bien
su saliva de plata en la arena  
que fueron los reyes
de la orilla
Ahora les basta
con llenar de agua
el barreño
del balcón
para imaginarse
en un
plis plas
todo el piélago
del planeta
Yo
de mi pobre astillero de cartón
he botado un par de barcos piratas
para sus niñas
manos
timoneras
para la dulce
marea de la tarde que declina…

Y cada uno
va
y  juega
a su modo:
El uno  
a lo del abordaje
a arramblar
de un galeón español
todo su oro de Indias
El otro
dibuja torpe
de mascarón de proa
una sirena
que sabe
de mis labios
una fábula de marineros
en donde
su bello canto
desbrava la tempestad
y arrodilla
                 la galerna…

Y si uno atisba
una isla desde la cofa
donde enterrar
un tesoro
el otro
también gaviero
del palo mayor
pero aprendiz de poeta
hace como que
varea el haya de otoño del cielo
bogando  luego
por entre
la lluvia
de hojas
amarillas
que caen de las estrellas…

Los dos
sobre la pasarela
son piratas de guiños
de alfanje al sol
bajo la que
tragaldabas hordas de tiburones
chasquean
sus afilados dientes
reclamando
su jugosa merienda…

Luego a la noche
de tan cansados
dejan que el corazón
les siga leyendo
el libro de cuentos
que se les escurre de entre los dedos
y que yo  su capitán
arrío  
como en la tormenta
del sueño  
                   las velas
           ©Rubén Lapuente