RECITALES Y ARTÍCULOS

lunes, 4 de junio de 2018

MILANUNCIOS.COM




"¿Quién quiere comprarme esta
antigua colcha de crespón
de seda azul cielo?  ¿Quién?
Fijaros en el asombro de su labor
Primero en la de esos pájaros:
En el álabe de sus alas de realce
o en sus penachos
como atrezzos de boda real
Fijaros bien
Si parece que les han bordado
la gracia del tenue vuelo
de un ave del Paraíso
¿Y en las flores de campanillas?
Fijaros
Si en esos badajos de estambre
la hilandera cosió la música
Si en la seda oyes 
el volteo de sus aires de abril!
¿Y esas dos ramas atravesadas
como venas  del sueño en el Paraíso…
pero cabe más belleza?
¿Quién quiere comprármela?
Fue alguien de mi misma sangre en Sevilla
quien la bordó en aquellos
difíciles años de la posguerra
Que pasaba por las calles del barrio
la Esperanza de Triana
Que había que ofrecerle
lo mejor de cada casa
Los mejores trapos
Y cada balcón le recitaba un poema:
o con versos de una colcha adamascada
o  con los de una madeja de hilo
del brillo de unos ojos…
Y también con baladas de sábanas zurcidas
pero que olían a espliego  a romero
y que por detrás de su limpia
blancura de pobre
un imperdible
le sostenía un ramillete
de peonías silvestres…
Y tapaban todo el enrejado
que no vieran desde las aceras
hasta su encrucijada
el íntimo y largo mareo
de unas interminables
piernas de mujer…
Y los faldones florecían
de balcón a balcón
hablaban
como esta mía
que fue el broche de oro de la casa…

Quien quiera comprármela
que me mande un correo…

¡Para el primero que diga para mí!"
© Rubén Lapuente
                    Yo fui el primero
Para Josefina Romero

viernes, 25 de mayo de 2018

GUIOMAR, LA BARRENDERA



Se llama Guiomar
y es la nueva barrendera de mi barrio.
La que arrastra sus aperos en un carrito.
La que sólo tiene ojos para el suelo.
Maldice las colillas,
los chicles pegados,
la piel de los plátanos.
Le revienen los gargajos.
Prohibiría las pipas con cáscara,
los palillos de los helados,
los alcorques de los árboles
y estaría por fundar un hospicio
de descarriadas bolsas huérfanas de manos.
Y menudo rebote se agarra, 
cuando recogiendo de la calle esa
"delicada delicia canina",
sueña en hacerse delatora 
de todos esos insolentes
finolis amos de perros
con máster en hacerse el longuis
y con más morro
que un pintor de arte abstracto.
Pero lo que le gusta de verdad
es recoger las fatigadas hojas de otoño,
los primeros pétalos de las flores en alas del viento,
los aviones de papel
bajando del cielo de los balcones del barrio.
Y jugar a cazar al vuelo
la bohemia bandada
de pelusas de los chopos del Ebro,
tan dulcemente heridos
por tantas hornadas
de haces de flechas
de amores primeros...
Le agradaría pasar por las calles, 
pero como las dejó ayer,
refregadas, relucientes.
Y hacer como que barre
el polvo de oro
del primer rayito de sol entrando,
o recoger de mentirijillas,
bajo los bancos de madera,
los fugaces besos furtivos,
esos que se caen,
casi sin vida,
sin degustarlos…
Y raspar y raspar las aceras con un cepillo,
hasta dar con el escondite dorado
de la pátina del tiempo…
Pero la ciudad, es tan fértil,
que da una cosecha diaria
de inmundicia, de barreduras, de hartazgo.
Y a primera hora,
siempre piensa en dejar el escobillón,
la pala, el basurero con ruedas,
y colgar su uniforme de luciérnaga.
Pero, basta que se levante un viento en la calle,
que su rimero de hojas amarillas revolotee, 
que corra detrás de todas,  
y a la vez de ninguna,
que casi las tiente en el aire,
para que, al pararse,
y darse cuenta de que no son ni mariposas,
se pregunte, si no será, que, a lo mejor,
sólo ha nacido para barrendera.
©Rubén Lapuente

lunes, 14 de mayo de 2018

MAR ADENTRO

                                             
                 Uno muere cuando nadie te recuerda
Ya volvíamos al viejo puerto
El de la desafinada
sonata de bocinas y gaviotas
El de la acicalada hilera
de boquitas recién pintadas
y toda de puntillas
moviendo frenética
ya sin cuarentena
las ardientes alas de las manos
Semanas
de tobogán de atunes
bajando al vientre
de salmuera del barco
preñándolo
de recamadas luces heladas
Un cercano compañero
en el babel de los ronquidos
haciéndome ese gesto
de tijereta al llevarse
dos dedos a la boca
abandonó la litera…
Tenía esa sonrisa
sin acabar de romper
Esa mirada callada
envuelta en distancias
Desde la cubierta
subiría una trenza de humo
hacia la arboladura
de las estrellas
Volaría sobre la popa
su apurada última
amarga colilla
antes de que sus botas
hicieran de noray
de su ropa bien doblada…
Una nota en un pósit azul
asomaba por el bolsillo
de la camisa…
Rodeándome de la cintura
una rama de carne de jazmín
caminando con el arrebol
de unas mejillas
y con paso rápido hacia
un lecho anclado en los besos
me buscó sobre las aguas  
en un reflejo de luz de acero
el charol de su memoria
mientras
mis dedos
en el bolsillo de la chaqueta
ahogaban una bolita
de papel azul…
El mar quiere a sus hijos desnudos
El claro olvido habita mar adentro
                      ©Rubén Lapuente

miércoles, 9 de mayo de 2018

LOS TIESTOS DE LA VENTANA

                                                           

Si te veo de espaldas
te pienso
te recreo en un instante
todos los instantes
Repaso en tu silueta
de lejanías
lo que has sido
hasta este “ahora de hoy”
grano a grano
de amalgama conmigo

De frente
te esconde la luz:
Amuralla mi recuerdo
Me cierra tu interior
Tu esbozo de frente
es un gesto sin tiempo
para guardarlo

“¡Nena!, aún te faltan de regar
los tiestos de la ventana”

Sí… así…de amalgama conmigo…
¡Y de espaldas a mi frente!
                             ©Rubén Lapuente

lunes, 23 de abril de 2018

LOS HIJOS DE MARTA

   

En mi mano un jabón
de los que hace Marta
pero
para que te laves la cabeza
a la manera
de como lo hacía
aquella lavandera de antaño
que restregaba  
que sacudía la ropa en el río  
                          sacándola el cansancio
llenándola   otra vez
de limpio sol de domingo…
Y a la que
por momentos
le ardían las manos en la espuma…
Marta se pone
el delantal
y parece
como si fuera a hacerte
unas magdalenas caseras
pero lo que
en realidad amasa  
es una harina
que hace con arcilla roja
empapada en una
amalgama de aceites:
hoy toca el de palmarrosa
con el de cedro del atlas
bajo el surtidor
de el de lavanda…
que así la nieve
del fondo de tus greñas
se derrite
poco a poco
que así
ya no van sintiendo
cada uno de tus cabellos
esa pequeña
punzada
de aguja de dolor
la que te hace
a ciegas disparar
la metralla de tus uñas…
Y todo le viene
por leer en el reverso
de un bote de cosmética
ese elenco de actores
de nombres
tan macabros
que le hicieron sospechar
que de ese vientre de alquimia
nunca saldría
esa necesaria
ceremonia nupcial
de una piel
con su pócima de amor…
Y así
le nace este jabón virgen
que bajo la ducha
al restregarme yo con él
la cabeza
me parece
que es aquella misma
lavandera de antaño
la que ahora
en vez de ropa cansada
se lleva mis cabellos 
a lavarlos al río
y a la que  
por momentos
le brillan las manos en la espuma
         ©Rubén Lapuente
                                         A Marta Arjona






jueves, 19 de abril de 2018

GUIÑOL

                                 
                           
Sorteando el tinglado
el teatrillo de la plaza
me alcanzó un relámpago
de algarabía
Eran los inocentes gritos
acallando
añagazas de bruja
Alertando
de emboscadas
de peligros
al despistado héroe
a su novia pura
Demoré el paso
para quedarme
en el rumor de la estaca
resonando
en la malvada cabeza
de trapo
Y me volví
para volverme  a ver
en el recuerdo
sentado en el suelo
ligado
por la maroma de otros brazos niños
entrando  en la fábula
sin miramientos
completo
con las mismas muecas
de tirria   de apego
de desprecio   de alerta
de miedo  de júbilo
que las que veo ahora
Todos los sentimientos
allí juntos
en aquel teatrillo de títeres
en ese tablado de las emociones
que quizás me sirvió
después
para olvidarme de mi mismo
en la penumbra de un cine
en la soledad de unos versos
en la agreste belleza que me rodea
o frente al deseo
de un cuerpo amado
y  para ser
no como un niño
sino aquel mismo
que salía de la tramoya
como un limpio río risueño
colmado
de entregarse
a la hermosa mentira
de la vida
                ©Rubén Lapuente



Gorgorito en la Glorieta del Doctor Zubía. Logroño