RECITALES Y ARTÍCULOS

viernes, 12 de julio de 2019

LA BORRIQUILLA



El periódico La Rioja me pidió varios artículos de los pasos de la Semana Santa de Logroño pasada y sólo para sus suscriptores, para su periódico digital de pago. Éste fue uno.

LA BORRIQUILLA

Todo empieza con esa luz o todo se recuerda siempre con esa antigua claridad que no cede su sitio. Sí, es la luz de la infancia. La del sol de domingo en la carita recién lavada. Niño siempre en este día de ramos que vuelve y vuelve con los mismos ojos: el tiempo se ha quedado a esperarte bajo los soportales. Nada cambia. Lo único es ese enjambre de móviles sobre las cabezas, tan pendientes del encuadre, que supongo les será difícil despertar toda la emoción de los sentidos… ¡Qué época ésta! Ir a buscar luego la memoria en un frágil rincón de una falsa nube en un invisible cielo de cristal cuando el sitio de cada uno de esos momentos mágicos debería estar, y bien guardado, en nuestra íntima plazuela con su primigenia luz... Notar esa vieja mano en tu espalda que viene del tiempo de tus mayores y que debe viajar mensajera hacia el mañana, hacia los tuyos: tu compromiso. Que necesita todos los sentidos, todo el silencio y la soledad sonora de este Domingo de Ramos luminoso, que somos todos los logroñeses quienes encuadernamos esta nueva humilde página de su historia, y hemos de aprender a andar y a ver y a sentir entre este fervor bullicioso de corazones…
Humilde, a lomos de una borriquilla, Jesús entra triunfal en Jerusalén o en este Logroño de bares, de alegría campechana, de nobleza. Un Platero en la era del patinete eléctrico y no desentona caminando por las vieja calles a riendas de Jesús que pronto morirá al caer la tarde en la encrucijada de sus dos maderos…
Aquí he estado yo con mi palma, con mi rama de olivo, de laurel, con el tintineo en el vaivén del entrechocar de monedas de oro de chocolate con el de un sinfín de golosinas, esperando la bendición: una señal  para calmar las dulces olas de saliva de mi boca infantil. Cómo olvidarlo, si nos concedían los deseos con cuentagotas, si la brisa de una chuchería se nos colaba hasta por el oculto bisel de los blancos sueños…
Y día de estrenos, de no ofender a la tradición. Que estamos cosidos con hilos de memoria. Enfundándome hoy unos nuevos calcetines con rayas blancas y rojas, que sean mí escondido talismán que dé un empujoncito este año al Logroñés y subamos, de una vez por todas, a la división de plata.
Y déjate envolver por la infancia de esos niños, quizás, como yo,  recuperes la tuya en ese bosque de ramos, de ecos de bandas de tambores y cornetas, de luz de Domingo mágico, o no sientas nada especial, pero aun así, no te vayas muy lejos de este bullicio, de esta belleza de pueblo rozándote, que puedes encontrar, recoger, llevarte a casa alguna respuesta cuando veas entre la muchedumbre la humildad de ese paso, de esa borriquilla a lomos de Jesús: un hombre que lleva la pureza de quien no se engaña, la parábola eterna de un sublevado, amor sin nada a cambio, ofreciendo a su enemigo, si le golpean en una mejilla, también la otra, desarmada, desnuda…
Mi niño antiguo se pierde luego conmigo por las calles. Hacemos una parada en la Laurel. Le pido un mosto y me da la aceituna, como siempre.            
©Rubén Lapuente Berriatúa

jueves, 27 de junio de 2019

PUREZA



La nieve
dibuja un corazón
sobre el agua,
bordea los labios
de una hoja verde
y oculta.

¿Sabes que la belleza
que nace eterna
sólo perdura un instante?

¿Estabas tú ahí,
te diste cuenta?

¿Sobre esa pureza
pusiste toda la tuya,
te enredaste con ella,
o la mirabas sin verla?

¿Y si el brillo de aquellos
ojos era sólo para ti?
¿Y si el jadeo
que oías a oscuras,
era codicia de tu piel?
¿Y si aquel tembloroso
cuerpo entregado ,
era el amor que buscabas?

La nieve
dibuja un corazón
sobre el agua…

¿Y si lo salvaras?

¿Y si muriera en tu palma?

© Rubén Lapuente Berriatúa

miércoles, 19 de junio de 2019

CENTRO DE DÍA

Mención especial del concurso de relatos breves “Historias de mujeres mayores que viven solas”, locutado por la actriz Kiti Mánver. Autor: Rubén Lapuente Berriatúa

lunes, 10 de junio de 2019

BÍGAROS



Verle así: manejado, lapidado, jirón de otro jirón de su carne
que desde unas cuencas anochecidas mira, duele, duele mucho.
Si mal rival es la muerte: Ciega lombriz devorando la frescura,
perjurio de la vida, sicario fanal de uno mismo que vuelve buitre al ruiseñor de las venas, mucho peor es agotarle de hacerle vivir.
¿Para llegar a ser un perfil deforme, monstruoso, de  iguana clareándose entre los ya débiles librillos de vida que aún le cuelgan, tanta lucha inútil, tanto sufrimiento?.
Añorar poder ser como los bígaros que se meten dentro de su concha, dentro de su sombra.
©Rubén Lapuente Berriatúa

lunes, 27 de mayo de 2019

LA ALMOHADA DEL CORAZÓN



Parece que es una almohada.
Tiene la forma de un corazón.
La primera que hicieron en La Rioja
se la llevaron a mi mujer
cuando ese arquero ciego
le clavó en el pecho una flecha
en curare embebida.
Yo creía que era una de esas
cervicales para mitigar ese duro jergón
que ponen para el acompañante
en el Hospital San Pedro.
Pero no, me equivocaba.
Es mágica, sirve para todas,
de talla única.
A la medida de cualquier axila.
Para cuando empieza la herida
a respirar la escarcha del miedo.
 Es como aquella tirita
que de niño se bebía
la olita de sangre,
el hervor de la rozadura.
Ahora es la almohada suave
para la cabeza
de niebla del dolor.
Y en García Morato tienen el taller.
Allí, después de todo el sufrimiento,
se citan, se arropan…
Quizá van olvidando
sus días de otra vida.
Quizá todas se lean
en los ojos lo mismo:
“Oh nunca nadie nos dirá
ya estamos limpias”
Y cosen esa joya
con hilos de penumbra
de aquellas mismas lágrimas rotas…

Yo tengo una que se ha ganado
ser la reina sobre la colcha,
porque cuando mi sueño
rozaba el sueño
tembloroso de mi mujer,
bajo su brazo,
la veía como
aquel blando peluche:
la muleta
de su corazón.

Y ahí la tienen preparada
para llevarla rauda, en mano,
hasta la misma cama del hospital,
a esa nueva muchacha
que un arquero ciego
herirá mañana
en el pecho.
©Rubén Lapuente Berriatúa

miércoles, 8 de mayo de 2019

LA MANÍA DE CONTAR


Esa manía de contar al alba todos los ojillos de la persiana y que no llegara mi madre antes, me iba en ello su buena  suerte; o la de sus primeras canas con aquel presumido y juguetón revuelo de su melena, que me hacía rabioso comenzar de nuevo; o los pétalos de las margaritas y que me fueran todos impares, me iba en ello su cariño…
¡Y quería que me contara el equilibrio de una escoba subida a la arena del circo de mi frente, de mi empeine, del índice de mi dedo!
Y esa manía de contar estrellas en las noches de verano, de agotarme en los números, creyendo haber llegado al infinito.
Y mis zancadas, medida de aquel puente que escalonaba mi altura triunfal de niño a muchacho.
Y el desafío hasta el resuello de aguantar la respiración hasta arruinar todos los segundos.
Y la angustia de contar el eco de los golpes en la pared de mi padre derrotado…
Hace ya mucho tiempo que perdí la manía de contar. Sólo algún día, en la cama y piel adentro, me domina aquella agorera prisa de albores ya no interrumpidos, o me entra la manía de contar hebras de plata en las crines del sueño, o me viene una lluvia de impares pétalos  de los “me quiere” en el  viento, o en mi alarde sumo el retraso de la merienda de sus bostezos, o mi dedo salta, señalando y llevando a la vez la cuenta de las chiribitas en el preludio de la noche de mis párpados, o  cuento el número de mis marciales pasos: estirón de aquel soldadito en el puente,  o  me sobresalta  la bocanada última como un vómito de lauro, o me pueden las diez campanadas de la cabeza contra la pared de mi padre derrotado…
 Y piel adentro, revuelto todo, lo sobrevuelo…una, dos, tres,…
hasta quedarme dormido.
            ©Rubén Lapuente Berriatúa

viernes, 26 de abril de 2019

EL DESCENDIMIENTO DE CRISTO



 Para la Cofradía del descendimiento de Cristo. Logroño

La Semana Santa de Logroño da su más bello perfil a la vera de la luna de la noche, y por esas callejuelas del barrio antiguo que abre su cauce peregrino al murmullo del tronío de sus pasos. Este Jueves Santo desde la Iglesia de Santa María de Palacio, en torno a las 22:30, sale el paso de la Cofradía el Descendimiento de Cristo: José de Arimatea y su hermano Nicodemo, subidos en sendas escaleras, desclavan a Jesús crucificado, mientras, abajo, María, Juan, La Magdalena, con ese dolor helado que nace y sube tormentoso desde lo más hondo, le recogerán para envolverle delicadamente en una perfumada sábana de lino…
Larga caminata nocturna por Avenida de Viana, San Nicolás, Ruavieja, Sagasta… Momentos que unos vivirán con el fervor de siempre, otros más pendientes de la mirada de cristal de sus móviles, otros buscarán la belleza, no sólo en esa exquisita talla oreando las calles tan arropada por el sonoro silencio amargo de la banda de tambores de la Cofradía, sino también en ese fugaz fogonazo de plata de algunos rostros de entre la multitud como tocados por la gracia de un rayo divino, y hasta tirarán del hilo de la luna, como una cometa, pendientes de que se asome, hermosa, por los viejos balcones del cielo, que no falte al encuentro, cuando la noche, entre candilejas, se hiera de saetas sacando a bailar el alma temblorosa del paso…
Si vas, escolta a la talla hasta su entrada en el pórtico del templo de Santa María de Palacio, ahí, la altura de la puerta obliga a portar el paso a unos centímetros del suelo, y con el último izado, un estallido de júbilo de los cofrades, llena la iglesia de un sobresalto que levanta olas en la sangre y aplausos de alguien que no sabías que dormía en tus adentros…
No sé si te llevarás a casa algún pedacito de esta noche viendo a ese hombre inocente que descuelgan de la encrucijada de sus dos maderos, que no tiene religión; el mismo que decía que dentro de uno está el paraíso, o que tu mano izquierda no sepa nunca que tu derecha tiene un secreto (de la generosidad no se alardea, es humilde, no tiene nombre ni apellido), o que antes de ver la paja en el ojo ajeno mírate la gavilla en el tuyo… no sé, pero hay como una sola metáfora que explica el mundo y que mana de ese inocente cuerpo ensangrentado, como si el sentido de la vida se consiguiera con sacrificio, con renuncia: sentir uno el hueco de entregarse, el hueco de amar sin esperar nada a cambio.
©Rubén Lapuente Berriatúa