LORCA
Bajo
un olivo, hay un corazón lírico que aún hoy espera esa voz hueca de una pala al
entrechocarse con unos huesos. Una esquirla de Federico para que no sea una
leyenda que la tuerza el tiempo. Para que no sea una duda, un desaparecido
mañana. Solo pido un huesecillo suyo olvidado en una cuneta granadina, para
cerrar la herida, para inclinar, por fin, la frente hacia la tierra.
LAGUNA
NEGRA
¿Lo
hiciste? ¿Caminaste por las faldas del Urbión entre altos y enhiestos pinos? ¿Te
paraste a oír bajo los pies la oculta y niña voz del Duero? ¿Te subiste a la
cofa del hijo del mástil de aquel galeón invencible que surcó los mares?
¿Divisaste desde allí el paraíso? ¿Te volviste solitario y loco el capitán de
ese verde océano? ¿Y al trepar por los farallones, a lo más alto del murallón
desnudo, cosiste allí con hilos de luz la bella laguna negra a los ojos? ¿Lo
hiciste?
Y en
la travesía del “agua pura y silenciosa que copia cosas eternas”
¿Soltaste
por un momento los brazos? ¿Te dejaste ir, sumergido, a merced del roce de
leyendas y secretos?
¿Lo hiciste?
EL
TIEMPO
Ayer
soñé que la tierra cansada de dar vueltas y vueltas, se detuvo para siempre. Y
conmigo en la media mitad de luz donde me sorprendió. Intranquilo, corrí y
corrí a ese otro lado de mitad sombría de hermosa noche estrellada. Pero en ese
perpetuo medio miedo oscuro, angustiado de tinieblas, busqué el otro medio de
añorada claridad. ¿Pero cuándo fue ayer? ¿Cuándo será mañana? ¿Qué mentira me
señala el reloj? De la luz a la sombra, iba y venía solo…
¡Yo, que ahora en el sueño, era el tiempo en
el siempre hoy!
ECLIPSE
Qué locura es esta de universo ciego huyendo a
lomos de nadie, sin saber adónde. Para qué tanta grandeza, tanto sinfín, tanta
inmensa negra casa solariega, tanta belleza inútil, si una sola tarde sobre mi
madre, lo eclipsa todo.
VINO DEL MAR
Sumergido.
Encerrado como una perla púrpura en su ostra de cristal. Empapándose de brisa
marina. Mimetizando a su alrededor sus sueños en racimos de uva agraz de viñas
de coral de terciopelo. Mudando su piel en escamas de antiguas vasijas
náufragas, crece y crece este vino riojano de sangre de cereza que atraviesa la
pena, que hiende lo que te hiere. Dulce submarino vino de vida y gozo y olvido
siempre, que enardece deseos dormidos. Estibado en la bodega de su náufraga
batea. Rescatado como pecio de topacio del vaivén del regazo marino, ya le
ciñen un nombre a su redonda cadera de cristal de sirena varada…
Ya
arriban a puerto los pescadores.
¡¡Ya vuelven de vendimiar en la
mar!!
publicado en el diario La rioja el 10 de septiembre de2026

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