RECITALES Y ARTÍCULOS

martes, 16 de abril de 2019

LÁGRIMAS EN LA LLUVIA

Sucede que alguna vez llueve en Semana Santa. Sucede que desde el portón entreabierto de la Iglesia ves a un niño, a ratos, asomar la cabeza. Mirar el cielo juntando con súplica las palmas de las manos.
Ves aparecer su manecita abierta y no es precisamente para pedir monedas de lluvia de limosna que para eso está ese señor que trabaja de pobre todos los días en el zaguán de la puerta de la Iglesia.
“¿Cuándo es la hora? ¿Cuándo nos toca?” dice mirando hacia la penumbra fresca de la parroquia, hoy nerviosa.
El benjamín se estrena como cofrade niño. Es su primera Semana Santa. Sólo los niños cuando sueñan dormidos continúan la vida y él aún no sabe que cuatrocientas veces en cuatrocientos años la fe de sus mayores ha punzado ya en su espalda memorias de primavera, de música de tambores y cornetas, de bullicio, de mágica luna de parasceve…
Ansia oír: “Señores, todos por igual, valientes. Al cielo con él”
Hoy no estrenará lágrimas su vela encendida. No habrá tachuelas de cera por las oreadas callejas. No se mecerá el Nazareno en alas de alguna saeta rota. No soltará el trono amarras como una goleta encallada mirando las enfadadas olas…Que en el charco del cuenco de su mano redobla aún el tambor de la lluvia.
Oh demudado capirote. Oh pequeño cofrade del llanto que no quiere consuelo, que no quiere acabar de llorar…

“¿Cuándo es la hora? ¿Cuándo nos toca?”

Rubén Lapuente Berriatúa

martes, 26 de marzo de 2019

TERCIOPELO ARDIENTE

No sé de qué oculto rincón
mío sale el perfume
de esta vieja melodía
a la que ni los zarpazos del tiempo
le ha rayado la voz.
Y cuando le viene bien
sin avisarme
toma dulcemente mi garganta.
No sabes cuantos días
me viene el murmullo
de esa canción
bajando las escaleras,
y más ahora
desde que se murió Joan…
Siente, siente…
…Olvida el mundo conmigo…
o mirando a esas muchachas
bajo los soportales
cruzándose conmigo
temprano
camino del trabajo
me musita dentro…
Fuego,  fuego
para perder estribos
y acurrucarse luego…
o la tarareo alguna vez
a media mañana
en el lento sorbo de la tregua
que me da el café…
Tuyo, tuyo
Y ciego entre tus dientes
por donde me destruyo…
Y siempre la oigo tardío
como si no coincidiera
mi susurro con el de esa
eterna joven intrusa
que parece amarrada
al palo mayor de mis huesos.     
Como un huésped la tengo.
Y la verdad es que hermosea
mi íntima casa.
A la noche me deja en paz.
Se me calla porque sabe que…
quiero hallar bajo mi peso
terciopelo ardiente...
Y es entonces cuando
 se hace mía.
©Rubén Lapuente Berriatúa
                                     Terciopelo ardiente

viernes, 22 de marzo de 2019

EL RASILLO EN EL AGUA


De lejos parece de juguete. De postal de mentira, de tan bello. Como tallado en el claro de una esmeralda: un oasis de encaje de hilos de piedra rosa, si achicas bien los ojos.
Alguien debió despertarse en esa dulce ladera de trinos, y, al alba, apresurarse en colocar la primera piedra, raudo en talar los durmientes de su techumbre, veloz en apilar la sumisa leña al oír la rondalla fría del viento serrano envolviéndole el corazón.
Quería vivir con el mirlo en la rama. Con el aire puro del miedo de una corza en la nieve. Como un marinero subido a la cesta de la gavia del mástil mayor, mirando la caricia de un océano de agujas verdes que le ablandara la dureza de la vida.
Luego las manos del hombre pusieron su guinda de plata: el espejo del cuenco del agua del valle del Iregua para que le viéramos el velamen rizado de su torso de piedra, para que asomados en cada ventana, pudiéramos, sumergiéndonos en esa melancolía de la belleza que te hace ser más sereno, que recorta las uñas a tu alimaña, soñar bajo sus aguas. Y es que este paisaje, este decorado mágico, te adormece tan dulcemente como en el verano el bostezo en la penumbra bajo un sol de mimbre… Sí, aquí el tiempo se ha quedado a vivir sin reloj, silbando, y anda por todos los rincones como tú por la casa en zapatillas de paño.
Y a la noche, para hacerte romántico, te baja no sólo a esa luna  llena sobre el embalse, sino también a su doble, la otra gemela sirena reflejada sobre el agua: navío redondo de plata que junta las sienes, que te flecha de besos, que te presta la luz de su alcoba…
Hoy he subido, peldaño a peldaño, sus calles, hasta el balcón de mi casa abierta  para que entrara la primavera descalza, y allí también me tropecé con la muerte, perezosa, melancólica, hechizada, de tarde de novillos, desempañando lentamente el vaho de los cristales…
©Rubén Lapuente Berriatúa

lunes, 18 de marzo de 2019

LA VOZ DEL SUEÑO


La oigo respirar…
Si no durmiera a mi lado
por esa voz del sueño
que no se parece
a la que yo atesoro
no la reconocería…
Por momentos
alienta suspiros de niña
En otros inspira
roces de oscuro
viento perdido
Luego imperceptible
su aliento calla
como si soñara
algún sueño del silencio…
Y al no oírla
tira de mí el vértigo
de cuando
un día
cuál antes
en el lecho
será un hueco
insoportable…

Y la despierto
con la voz
ronca
del sueño fingido

Desvelada
se vuelve hacía mí…

¡Y no me mueve!

    ©Rubén Lapuente Berriatúa

jueves, 14 de marzo de 2019

PEQUEÑO PESCADOR FURTIVO


Para mi niño los playmobil tienen todos sordera. Y sobre ellos balbucea su arenga mojada en su bebible saliva.
Luego los acerca al oído. Arruga la frente, junta las cejas,
escuchando sus señas. Y asiente sereno con la cabeza…
Le faltaba capitanear al que dispara en el agua balas de burbujas. Y ha dejado un vaivén desierto en la pecera.
Con malabares, se ha llevado al saltimbanqui a su alfombra de batalla. Del pobre pez cree que su barboteo y sus coletazos son de piraña en tierra, de esbirro de armadura de plata.
Y le registra bajo las escamas el botón que lanza chorros
de granadas…Pero el pez no sabe cerrar los ojos, se va apagando como en el jazz una baqueta con escobilla. Y el niño lo agita, lo agita…, toca su índice dos veces la torpeza, tres la paz de la parca…Algo ha hecho de malo cuando vuelve a dejar un vaivén en calma en la pecera.
Sólo para mí, que le espío tras la puerta, todo es inocencia,
risa reprimida, deleite, hornacina para mi memoria : como ese viejo frío botellín de Mirinda, a media noche, en mi tierna mejilla dormida.

©Rubén Lapuente Berriatúa

domingo, 24 de febrero de 2019

COSQUILLAS


Soñaba
el hombre dormido
de cuando fingía de niño
morirse
para tener de rodillas
sólo para él  
la inmensa dulzura:

“Vamos a ver si son de plomo estos brazos.
Si se empañan mis ojos de tu aliento.
¡Oh! ¡Si estás tan frío como una baldosa!
¡Oh¡ ¡Si se te ha roto el muelle de los párpados!
Habrá que tirar a este niño
a la basura
como la piel de una naranja
como el corazón de una manzana
como a su triciclo sin manilla
ni  ruedas”

Y por los corredores de la casa
le llevaba
en brazos
altiva
como si fuese
el héroe soldado desconocido
que no moriría jamás.

“¡Espera!
¡Si oigo un tamborcillo
por el cielo del pecho!
¡Si aún puedo revivirte
con tan sólo rozar tu piel
con la punta de mis dedos!”

Pero la memoria del sueño
del hombre dormido,
no podía despertarle:
no se reía aquel niño,
ni se movía la muerte.
        ©Rubén Lapuente Berriatúa

sábado, 9 de febrero de 2019

DULZURA



Me viene con pasos
de pantera cautiva
Titubeante
Como una bandada
de dientes de bruma
Me dice que cree que ya no la deseo
Que la miento
Que sospecha de mí
Que me busca
huellas de otra
hasta en la raíz de la mirada
Que mis palabras
“déjame ahora no”
le sientan
como pequeñas y breves
punzadas
de candente aguja
Que ahora se alimenta
de cuando
subía a la azotea
a que yo le viera los ocasos
en los botones de su blusa
y del eco del chasquido
de la estrella fugaz
de mi vertical cremallera
Que nunca
salvo conmigo
tuvo ella la piel
con escamas de plata de mi saliva…
Que añora ese suelo
de jergón de los caminos
que el placer luego
acolchaba
con lana de esmeraldas
de las mismas
duras
piedras…
Que grita de ira
de abandono
de vacío  de espera
Que qué quiero de ella

Si yo sólo quiero
le digo
que me viertas
aquella dulzura de tu cuerpo
si era de tu higuera
Que gires despierta
en este carrusel de la vida
de dos boletos
hasta que nos suene
la última sirena…

Si yo sólo quería
que
vinieras
así
© Rubén Lapuente Berriatúa